Vínculo

Las flores,
la rosa,
hermosa,
florece y se marchita
con naturalidad,
se mece con el viento,
se alimenta de la tierra,
serena,
sin hacer esfuerzo,
algo superior la sostiene;
algo superior nos sostiene.
Me dejo sostener.
Dejemos que nos sostenga.

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Amén

El fuego ante mí,

ardiente, luminoso, lleno de vida,

el espíritu sagrado

de las mil llamas.

Y mi piel de cera, derritiéndose.

¿Y si no me quiere, y si no me quieren?

¿Y si yo me quiero?

¿Y si dejo de quererlo

todo

y me uno a la danza

de las salamandras,

y dejo que se funda mi voz

en el gran Coro?

Que se haga

Tu Voluntad

en la Tierra

como en el Cielo.

Complicidad

El bebedor y yo, sentados en la misma mesa. Platos, ollas, empaques, y unas cuantas botellas. Un trago más, otro bocado, y al terminarlo todo, una galaxia de silencio. Fin del juicio fugaz, de la perdida de conciencia. Volvimos a hacernos daño, que el cuerpo nos tenga paciencia. Traje cuaderno por si hacía falta, pero prefiero contemplar el arsenal de estrellas.  Tomo las manos de Ramón: esperamos juntos a que amanezca.

De paso por el Amazonas

Todo está silencioso alrededor. Las aguas del río, quietas, aparentemente. Y veo en su espejo aves blancas, alargadas, viajar hacia el oeste. El suelo está húmedo, fangoso; el barro casi cubre mis pantorrillas. Pero no quiero moverme: algo extraño e invisible que transita por los aires, me motiva a permanecer quieta, tranquila. El viento, húmedo, mece las ramas de los árboles, aromáticas, y despeina mis cabellos. Desde mi pecho circula una corriente fría hacia el resto de mi cuerpo: tengo la piel de gallina.

Mi blusa blanca, manchada de sangre, tierra y sudor, flota y se aleja; como diciendo: “déjame, no te pertenezco”. No la atajo, no la retengo. Mis senos están frescos y celebran la brisa. Los rayos del sol, ocultos por espesas nubes grises, tímidamente –por primera vez en años–, acarician mi vientre, mis hombros y sus cicatrices. Cierro mis ojos con la intención de agudizar la percepción de mi piel, pero reconozco el canto de un tucán y los abro a ver si lo encuentro. En cambio, noto el baúl de cuero marrón que cargué por horas y horas hasta llegar a esta playa. Se hunde en el agua junto a mis cartas, mis ropas, mis diplomas… y la foto de Roberto.

Vuelvo a escuchar el sonido del pájaro. Dirijo mi mirada hacia el horizonte. Las curvas discretas de las colinas vírgenes –hace días remotas– me saludan. Mis músculos relajados, se endurecen. Desentierro mis piernas y me sumerjo en el río. Los peces se mueven de un lado a otro y acarician mis mejillas. Entonces, una fuerza no del todo desconocida se apodera de mí: estoy nadando, ¡no sabía que podía! “¿Quién soy yo?”, me pregunto. No parezco la misma. Un delfín rosado me sorprende de pronto, ahora es él  quien me anima.

Al salir de Leticia y emprender el camino, me temblaban las piernas y mis manos escurrían. Cuatro días después, totalmente mojada, completamente herida, la voz de la selva me dice: “de esto se trata la vida”. Me dejo llevar. El sonido del agua me satisface y alivia. Y cuando menos pienso, he llegado a la otra orilla. “Adiós y gracias”, le digo a mi amigo y pongo mi frente sobre uno de sus costados. Me alejo pausada hacia el bosque tropical. Camino sobre piedras pequeñas vestidas de musgo.

 

Zumbidos

Paul:

Ayer te fuiste y dejaste la puerta entreabierta. ¿No viste el enjambre de zancudos que rodeaban las azucenas?  Zumbidos aquí, zumbidos allá. Total, no pegué el ojo en la noche entera. Te pido que para la próxima seas más cuidadoso: tal vez con que yo concilie el sueño, mejoren las cosas en la escuela. Ya va, ya sé cuál será tu respuesta: que fue culpa mía por no bajar a la entrada y darte un besito de esos que tiemblan. Pero eso no es excusa. Además no, no me gusta tan tarde, en el frío,  y menos si me has dejado las bragas puestas.

Oye, otra cosa: Verónica vio al señor Clemente salir tomando la mano de Estrella, esta mañana, cuando fue a buscar unas tostadas a la alacena. Me contó destrozada con media botella de ron derramada sobre la mesa, que con una mano en la escoba y la otra sosteniendo a su princesa, había oído a Clemente cantar obras de Juanes y Lisandro Meza; las mismas que había soñado desde siempre que le cantara a ella.

Se tomó cuatro botellas de Néctar, y en un arrebato, cogió las tijeras y se cortó la melena. Nada agraciada quedó y me dio ¡tanta pena! Así que aprovechando que se había quedado dormida,  fui a arreglarle un mechón y le sangró… la… la cabeza. Nada grave. No parece. No. De todos modos me aterra. La he llevado a su cama y espero a la curandera.

¡Por favor ven en cuanto puedas! Y al entrar a la casa ¿cierras bien la puerta?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este cuerpo de jaguar

No soy la dueña de nada.

Esta palabra no me pertenece,

no bajo el nombre de Ana.

Soy meteorito entre cientos de estrellas.

Un grillo que canta en el coro de los insectos.

Un infinito vacío jugando a ocupar una esfera.

 

Ayer en la noche cuando cerré mis ojos,

me sentí jaguar y reposé silenciosa entre cortinas de hierba.

Ahora paso algunas noches así: despierta.

Recostada como un felino, inmóvil y alerta.

 

Testigo de que estoy viva,

viajo por los aires perfumados de la muerte y el nacimiento.

No soy mi nombre, no soy mi cuerpo,

ni tampoco tengo una historia.

En la selva la serpiente se come al ratón

y la mariposa se posa sobre mí desnuda y sin pena.

 

En este cuerpo de jaguar

no soy la dueña de nada.

Esta palabra no me pertenece,

no bajo el nombre de Ana.

 

 

Sin título 1

Hay una piedra contra la que tropiezo
cada vez que siento miedo de salir herida. A veces logro seguir el paso, otros días me encuentro perdida.

Hoy tropecé de nuevo y estoy observando la sangre correr desde mi rodilla. Llevo la roca en mi mano, los pájaros cantan y una lavadora susurra que ya casi habrá ropa limpia.

He tomado una pausa, llegaré un poco tarde y nos veremos sin prisa. Solo es una canción. Solo es una herida. En la inmensidad de este instante puedo poner mi otra mejilla.

My dear guest

There is a knife-wound on my chest,

a deep and constant pain

I feel everytime I breath.

It embraces me at night

and wakes me up before the dawn.

 

I won’t, I won’t complain

for such a useful help.

Pain has taught me about love

it isn’t but inside of me.

 

At first I tried to scape

but it was underneath my skin

no matter how fast or far I ran.

So one day I chose to stay,

opened the doors of home and said:

Please come in and be my guest.

 

It’s been living here for long

and has shown me very well

aches are not the worst on earth.

How much more should I resist?

How can I lay it away?

are not  anymore my quests.

 

 

 

 

En esencia

En la inmensidad oscura

el rojo de tu sangre

brilla con vida.

 

Ya no hay cuerpo,

ya no hay voz,

ni el recuerdo

de lo que hicimos.

 

Solo estamos

tú y yo

en unidad divina.

 

El silencio nos rodea.

Estoy desnuda

y tú

silvestre, sin prisa.

 

Somos un solo corazón:

ya no hay miedo,

tampoco heridas.

Universo

A veces me siento infinita

y se quedan cortas las palabras.

 

Todo es espacio, luz, bondad,

soy abundante

Tranquilidad.

El mundo está dentro de mí

aunque puedo verlo afuera.

 

Entre tanta inmensidad,

NADA

puede ser

un verdadero problema.

 

Soy una estrella fugaz

efímera

pasajera

y a la vez eterna.

 

Tiembla

Ahora estoy aquí, refregando mis botas, lavando la ropa en pleno sol de medio día. Muevo mis brazos, mi corazón retumba. Estoy muy viva.

Siento la fuerza con la que me mece el viento. Un minuto tras otro envejezco paciente. Siempre aquí, siempre presente.

Viene el temblor, mis rodillas se mueven de un lado a otro y mis manos se agitan sin que yo quiera. Tomo un trapo, le pongo jabón, sigue la vida, sigue y tiembla.

 

 

 

No hay nada que buscar

Cuando me aflige algo, sé que puedo abrir los ojos del alma y ver: el espacio, la tranquilidad, la verdad que no cambia, transparente. Siento el verdadero ser que soy, el que no muere ni nace. “¡Hola!”, le digo, pero nada me responde. “Jaja, ¿Estoy hablando solita?”  No necesito respuesta. Al menos no palabras. Se asoma un pájaro cantando, suena el rumor de un carro. Siento mis brazos vibrantes, mi mente quieta, la inexplicable luz del sol que me calienta. Estoy escribiendo sin pensar. Se siente bonito.

La ambulancia, la moto, la mano deslizándose sobre el teclado. La mirada fija sobre el ordenador. El ruido de la pulidora en la distancia. La vida que hay en mi cuerpo. Debajo de todo ello lo indescifrable. Lo que no puedo tocar, el silencio bendito que me trae paz, luz, bondad. En el fondo la misma presencia, la misma paz que transmite el humedal, la flor de loto reposada, expresando su belleza.

No hay nada que buscar.

 

 

En silencio

En silencio puedo sentir la suave y a la vez contundente presencia sagrada de cada cosa alrededor. Siento mis manos tranquilas, vivas, perfectas. Mi piel cálida y los rumores del tráfico solemnes, simulando el fluir del río, las olas del mar o el sonido de una abeja que aletea cerca. El silencio me acaricia y su arrullo sin palabras lo dice todo: la vida, tu vida, está bien tal y como es, aquí, ahora. Eres tan bella como la flor que hasta ahora florece, la que marchita o la que hay en potencia esperando surgir de aquellas semillas que todavía no siembras. No necesitas hacer nada,  no tienes que ir en una búsqueda. Estás completa, tú eres. Así como la flor no tiene que esforzarse por ser flor, tú no tienes que alcanzar nada para ser tú: ya lo tienes. Ese es tu propósito: ser. No hay otro.

En silencio te miro a los ojos y veo la magia que brota de ti. Te amo, te respeto, me complazco con tu existencia. Y cuando me dices algo, estoy atenta. Sin fabricar respuesta. Solo ahí, sintiendo tus palabras latir por todo mi cuerpo. También mis reacciones: Cómo se acelera mi corazón cuando hablas de un tema que me concierne; cómo se hace un nudo en mi garganta cuando lo que dices duele. Respiro, lo observo, te observo, te atiendo. Estoy totalmente ahí, contigo. Te beso, te abrazo, te tiendo mi mano, te dejo ir, volver, llorar, reír, manteniendo el lazo que nos une intacto. Puedo verte a ti, aquí, experimentarte ahora, no a la idea que tengo de ti o a la historia que de ti mi mente ha creado.

En silencio me miro al espejo, observo todos los rincones de mi cuerpo, mi cara, mi pelvis, mis llantas, las piernas que tanto me gustan, mis senos, mi cabello… y cuando llego a mis ojos, puedo ver una luz que brilla firme. Sonrío. Qué criatura fascinante. ¡Wow! Sobre todo veo que Yo Soy, y que si mi cuerpo fuera distinto, de todas maneras sería yo. Podría quedarme toda la tarde, contemplándome, admirando la vida que expreso a través de mi apariencia física, tal y como me maravillo frente a una flor así esté un poco marchita o sea apenas un botón, no deja de ser para mí su existencia motivo de adoración.

En silencio me acuesto a dormir, veo la luz naranja de la calle colorear mis sábanas blancas. Me sumerjo bajo las cobijas disfrutando de la amplitud de mi cama. Siento la dicha de estar ahí, acogida, amada, cuidada, lista para una pausa, para pasar una página. Mientras se abren las puertas del mundo de los sueños, reposo dispuesta a que ese instante se vuelva eterno: la quietud cediendo, mi presente en calma.

En silencio Yo Soy, nada de lo que haga, diga, tenga, piense o sienta puede hacerme más o menos.

En silencio te abrazo debajo del ruido. Estoy aquí, para escucharte o leerte.

Ani

 

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