En silencio

En silencio puedo sentir la suave y a la vez contundente presencia sagrada de cada cosa alrededor. Siento mis manos tranquilas, vivas, perfectas. Mi piel cálida y los rumores del tráfico solemnes, simulando el fluir del río, las olas del mar o el sonido de una abeja que aletea cerca. El silencio me acaricia y su arrullo sin palabras lo dice todo: la vida, tu vida, está bien tal y como es, aquí, ahora. Eres tan bella como la flor que hasta ahora florece, la que marchita o la que hay en potencia esperando surgir de aquellas semillas que todavía no siembras. No necesitas hacer nada,  no tienes que ir en una búsqueda. Estás completa, tú eres. Así como la flor no tiene que esforzarse por ser flor, tú no tienes que alcanzar nada para ser tú: ya lo tienes. Ese es tu propósito: ser. No hay otro.

En silencio te miro a los ojos y veo la magia que brota de ti. Te amo, te respeto, me complazco con tu existencia. Y cuando me dices algo, estoy atenta. Sin fabricar respuesta. Solo ahí, sintiendo tus palabras latir por todo mi cuerpo. También mis reacciones: Cómo se acelera mi corazón cuando hablas de un tema que me concierne; cómo se hace un nudo en mi garganta cuando lo que dices duele. Respiro, lo observo, te observo, te atiendo. Estoy totalmente ahí, contigo. Te beso, te abrazo, te tiendo mi mano, te dejo ir, volver, llorar, reír, manteniendo el lazo que nos une intacto. Puedo verte a ti, aquí, experimentarte ahora, no a la idea que tengo de ti o a la historia que de ti mi mente ha creado.

En silencio me miro al espejo, observo todos los rincones de mi cuerpo, mi cara, mi pelvis, mis llantas, las piernas que tanto me gustan, mis senos, mi cabello… y cuando llego a mis ojos, puedo ver una luz que brilla firme. Sonrío. Qué criatura fascinante. ¡Wow! Sobre todo veo que Yo Soy, y que si mi cuerpo fuera distinto, de todas maneras sería yo. Podría quedarme toda la tarde, contemplándome, admirando la vida que expreso a través de mi apariencia física, tal y como me maravillo frente a una flor así esté un poco marchita o sea apenas un botón, no deja de ser para mí su existencia motivo de adoración.

En silencio me acuesto a dormir, veo la luz naranja de la calle colorear mis sábanas blancas. Me sumerjo bajo las cobijas disfrutando de la amplitud de mi cama. Siento la dicha de estar ahí, acogida, amada, cuidada, lista para una pausa, para pasar una página. Mientras se abren las puertas del mundo de los sueños, reposo dispuesta a que ese instante se vuelva eterno: la quietud cediendo, mi presente en calma.

En silencio Yo Soy, nada de lo que haga, diga, tenga, piense o sienta puede hacerme más o menos.

En silencio te abrazo debajo del ruido. Estoy aquí, para escucharte o leerte.

Ani

 

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