En esencia

En la inmensidad oscura

el rojo de tu sangre

brilla con vida.

 

Ya no hay cuerpo,

ya no hay voz,

ni el recuerdo

de lo que hicimos.

 

Solo estamos

tú y yo

en unidad divina.

 

El silencio nos rodea.

Estoy desnuda

y tú

silvestre, sin prisa.

 

Somos un solo corazón:

ya no hay miedo,

tampoco heridas.

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